POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




COSAS QUE SUEÑO (Karlina Fernández)



Hoy desperté como a las 8am, tenía mucha hambre; así que desayuné unas panquecas y luego de dos horas el sueño volvió a buscarme. Tenía el móvil en la mano, eran las 10am. Solté el teléfono y me recosté y soñé: 

Soñé con una playa… con la orilla de esa playa, en esa orilla caía una moneda, dos manos fueron a tomarla; la mano de un hombre y la de una niña, ambas manos se encontraron debajo del agua tocando la moneda. 

—¿Son tus monedas? — dijo riendo el hombre a la niña. La niña riendo dijo que sí y mostró otras que llevaba en la otra mano. El hombre miraba a la niña con ternura, reconocía el espacio como quien vuelve. 

—Tu mamá, ¿dónde está? —le preguntó el hombre a la niña. La niña señaló unos baños y unos vestidores que estaban muy cerca, era como especie de un polideportivo. El hombre caminó hasta allá, la encontró sentada. 

— Me han dicho que te paso algo, ¿qué fue lo que te pasó? — pronunció el hombre. La mujer tenía rasgos chinos, igual que la niña. 

La mujer sentada, respiró y empezó a quitarse las prótesis de las dos piernas, mientras lo hacía lloraba. Quería hablar, pero no podía. Solo lloraba, lloraba, lloraba y justo ahí me desperté. 

Volví a ver el móvil y eran las 11am.   

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