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Mostrando entradas de febrero, 2017

EL VERDE

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Fotografía: Miguel Ramos Oya

El edificio «El verde»  de Chueca tiene una particularidad: ese edificio es habitado exclusivamente por mujeres, por mujeres lesbianas y cada una nos tiene algo que contar  
En la planta 1 - A vive Luz. Luz tiene el sexo apagado desde hace 8 años, hace 8 años que no besa una boca, hace 8 años que no la desvisten, hace 8 años le rompieron el corazón y desde entonces no encuentra los pedazos y se niega a sí misma a volver a sentir.
Yuri vive en el 1-B  es motera y carpintera, una de sus compañeras de aventuras moteras la invito a comer y ahí conoció a Lucía la madre de su amiga, una mujer casada con el deseo homosexual contenido. Lleva casada más de 25 años con el padre de Ana (su amiga motera) pero Yuri y Lucía barnizan la comida con miradas y pequeños gestos que empezarán a quemar.
Si seguimos subiendo este edificio llegamos al piso 2. 
En la planta 2- A vive Abril. Y aunque su nombre suena a primavera su sobrepeso la tiene sumergida en un invierno eterno, el…

TONTÍN

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De los siete el más pequeño, de los siete el más torpe; torpeza que cuando el viento soplaba a favor le llamaban ternura, una caricia era ganancia. Típico perdedor enamorado de aquella princesa, pero Disney no admite enanos con princesas. Disney es como Osmel y su obsesión por la belleza esculpida, perfecta, estereotipada, y él, él había nacido de aquella pluma de Disney, era un clásico. Suerte que tuvo Shrek de nacer en la vanguardia.
Camino a casa siempre quedaba de último y ella...ella venía con su belleza despiadada y noble a rescatarlo del olvido de los otros seis. En sus sueños, él se postulaba a príncipe; en sus sueños era él quien daba ese beso, en sus sueños media más o al menos la ropa no le quedaba tan grande. No quería ser Tontín, quería ser príncipe o al menos escapar del cuento, pero los enanos tontos siempre hacen reír y no se quedan con las princesas y cuando el narrador dijo su último parlamento: “ y Blancanieves y el príncipe fueron felices para siempre”, Tontín se qu…

28 DE ENERO 2015

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Amor, vámonos, este país nos muerde. Amor, no marches, no sirve de nada. Amor, ya compré el pasaje, ¿compro el tuyo? Amor, me voy en enero… Amor, ¿luego te llegas? Amor, ya debo abordar el avión. Amor, ¿esto no acaba aquí verdad?

Y yo mentí:

“No, no amor. No acaba aquí”.

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DUDA

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Tengo una duda: si el país es paisaje, familia, amigos y afectos y nada de eso está, ¿qué hago yo aquí?

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HUIDA

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Me mudé de casa, de avenida, de dolor. Cambié de problemas, los extendí hasta Los Ruices. Mis vecinos ahora juegan dominó. Hay un árbol, una ardilla, un silencio de paisaje.
Me mudé de miedos; los nuevos son más grandes, los riesgos pesan más, el vértigo es diario.
Ahora vivo conmigo y puedo ver, con mayor claridad, en dónde no me quiero.
Sigo, como cachorro, de vez en cuando yendo al nido. Ha sido duro, aún no sé cazar mis propias presas. Vuelvo a ratos a pedir calor.
Me duele abrir la puerta y saber que nada es mío… que nunca lo fue, que siempre estuve de visita.
Me fui a la selva después de años de cautiverio. Dicen que los animales así no sobreviven, que se los devora la inconsciencia de ignorar el peligro, que su depredador entrenado, de un tajo los asesina. Mi esperanza es que mi nido era selva y mi depredador  era el nido.



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A PROPÓSITO

¿Viste amor?, yo también puedo morder, incluso, a juro. Para que veas mis dientes de leche, mi rebuscada forma de decirte que me partiste el corazón
Que no estoy dispuesta a tus comas depresivos, que me duele el “no quiero hoy” porque mi piel siempre está dispuesta, siempre.
Tú no entiendes; me crees básica, te creo nido.
La cama es un rectángulo triste, complejo e intenso donde condenso mi discurso carente y es ahí donde quiero dejarlo todo, como el que come después de varios días.
Quizás para mí el amor está entre mi boca y tus pechos entre tu boca y mi sexo. Por favor, no salgas dela cama… al salir pones los pies en el suelo y justo ahí entiendes mi nombre y ya no quieres volver.

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TIENE QUE APRENDER

Me monto en el metro, esta full, hay retraso; el tubo esta grasoso, toda una venganza el vagón. Se acerca una joven: es de mi estatura, cabello corto, quince kilos más que yo, lleva un niño en brazos, sin mayor pudor la barriga afuera, el jean sucio, unas sandalias valientes que muestran sus pies igual de curtidos que el ambiente del subterráneo. El niño que lleva en brazos apenas tiene como un año de edad, ella alza la voz: “Buenas mi gente, estoy aquí pidiendo porque no me alcanza y tengo que mantener a mis hijos, ayúdenme, con los que Dios ponga en su corazón”. Me sorprendo con el plural de “mis hijos”; no le calculo más de veintitrés años, sí, aún me sorprendo por eso.
Ella sigue como pregonera de suplicios mientras el niño divisa una galleta, justo al lado de él una chica se la comía. El niño ingenuo y hambriento estira su pequeño brazo hasta la galleta, la chica sin mayor oposición se la da, sin embargo la mamá lo toma tenazmente por la cara: “Que sea la última vez que tú haces e…

DESENCUENTRO

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Espero el ascensor en un edificio cualquiera; se abre y está una mujer, me mira y se sonroja, intenta ocultar su risa nerviosa, baja la cara, espera unos segundos y dice sin mirarme: 
“Ay, creo que ya el montón de niños se van a montar”. Insiste en ocultar la risa nerviosa, se suena los dedos, la observo: tiene los labios rojos, unos hermosos labios pintados de rojo, un jean, una camisa roja y un cabello negro y lacio que cae sensualmente hasta sus hombros.
“¿Aquí hay un colegio?”, digo serena, buscándole los ojos. “No, una cosa ahí de tareas dirigidas”. Intenta mirarme otra vez. Lo hace y, velozmente, vuelve a bajar la cara. Se abre el ascensor, caminamos hacia la puerta.
“Es que son muchos, a veces se daña el ascensor y son ellos, muy traviesos esos niños”. Llegamos a la puerta, salimos, es bella pienso. Sus labios perfectamente pintados de rojo también lo son, “sí. Imagino que son traviesos” respondo y sigo. Ella se queda en la entrada. Voy prendiendo la moto, ella está de espaldas, …

ETERNAMENTE

Tengo malas noticias: la herida se queda ahí. De vez en cuando te la lame un orgasmo, un poema, un aplauso, un par de tragos; pero no importa lo que hagas: la herida se queda ahí.
No naciste completa, te partieron en el intento. Y como un brazo no puede volver después de ser amputado, un corazón ya no es el mismo cuando ha sido roto desde la infancia.
No puedes, aunque quieras, deshacerte de la herida. La terapia sólo te dice cómo se llama, cuándo te la hicieron, cómo vivir con ella.
Pero tengo malas noticias: la herida se queda ahí, intacta y doliente, como el primer día. Como el muñón con demasiado espacio para recordarse el brazo que ya no es. Así tu corazón, eternamente.

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MI PEQUEÑA BORDERLINE

¡Me gustas, niña!
Tu tontería, tu estupidez, tu vanguardia, tu locura. Tus besos expertos de tanta constancia. Tu sexo dotado de favores y ese descaro impune al quitarte la camisa.
Tu exceso en la risa, la lágrima, el placer. Me gustas niña con tus veintiún años y tus tres siglos. Con tus cavernas y peluches, tu rosado cursi y tu color negro peligroso.
¡Cómo me gustas, niña!, con la X que inventé a tu nombre, con el marcado síntoma de vértigo y el cariño sobornándome.
Aun así, me voy por segunda vez, repitiendo tus orgasmos y los míos, como un delirio, un pecado, un momento en completo desequilibrio. ¡Qué salvaje y qué dócil ¡Qué mujer y qué niña, qué loca, qué mía, qué sin mí!
Admitiendo mi debilidad en las tuyas, por eso de que te cortes y a mí me arda de que te uso porque me lo pides de que me usas y nos usamos porque el amor es otra cosa y no está. Y eso de que tu lengua me espíe la boca, me la indague y la toque como haciendo una requisa, me gusta.
Si, le gusta a algo de mí que no tiene buen rostro, …