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Mostrando entradas de marzo, 2016

EL VERDE

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Fotografía: Miguel Ramos Oya

El edificio «El verde»  de Chueca tiene una particularidad: ese edificio es habitado exclusivamente por mujeres, por mujeres lesbianas y cada una nos tiene algo que contar  
En la planta 1 - A vive Luz. Luz tiene el sexo apagado desde hace 8 años, hace 8 años que no besa una boca, hace 8 años que no la desvisten, hace 8 años le rompieron el corazón y desde entonces no encuentra los pedazos y se niega a sí misma a volver a sentir.
Yuri vive en el 1-B  es motera y carpintera, una de sus compañeras de aventuras moteras la invito a comer y ahí conoció a Lucía la madre de su amiga, una mujer casada con el deseo homosexual contenido. Lleva casada más de 25 años con el padre de Ana (su amiga motera) pero Yuri y Lucía barnizan la comida con miradas y pequeños gestos que empezarán a quemar.
Si seguimos subiendo este edificio llegamos al piso 2. 
En la planta 2- A vive Abril. Y aunque su nombre suena a primavera su sobrepeso la tiene sumergida en un invierno eterno, el…

DE LA MALA VIDA

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Mientras tanto, en mi mente sigues desnuda ¡Puta! ¡Puta siempre pedida! Puta tierna en ese burdel que es tu nombre. Tu lunar: tu bombillo rojo. Puta que regala falsedades, que erotiza una herida y la lame, se pierde en las calles de su propia conveniencia; insinúa verdades y masturba mentiras.
¡Puta! ¡Puta mía! ¡Puta siempre pedida!, ¡puta tierna! Ramerita de 20 que me tiene atrapada entre sus muslos, que me realiza esa vieja fantasía de quererla; y se que se cotiza por cicatrices.
¡Puta, puta mía! ¡Puta siempre pedida! Princesa de colchones mojados, dueña y señora de eyaculaciones tristes, revendedora de sus propias carencias, emprendedora de estafas compartidas. ¡Puta!, ¡puta mía! ¡Puta siempre pedida!

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CRECER

Déjame sin ti. Dame la espalda. Arráncame de un tajo el cordón umbilical.
Déjame náufraga en la incertidumbre. Desnúdame en medio de la noche y de los años. Destiérrame de tus ofrendas, tu oro, tu palacio.
Déjame sin ti, ¡te lo pido! Quítame el pan y el vino. Abandóname tambaleando, a mi suerte, en la balsa de mis instintos.
Suéltame. Empújame al viento desde lo más alto de tu montaña. No llores delante de mí, no te sientas culpable. No retrocedas. Déjame ahogarme, que vengan los tiburones a las cinco de la tarde; que me queme el sol en la piel como me quemami incompetencia. No me abraces en el frío ni mucho menos me cobijes.
Déjame sin ti, Descalza en las piedras, hambrienta en la escasez… así, sola, despiadadamente sola: única, impar, disoluta. Que necesito destruirme. Caminar muriendo lenta, muy lentamente, sin ti. Y un día, un día vendrán las gaviotas; sabré entonces que he llegado nuevamente a tierra firme y que esta vez, la isla seré yo.

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