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Mostrando entradas de noviembre, 2015

EL VERDE

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Fotografía: Miguel Ramos Oya

El edificio «El verde»  de Chueca tiene una particularidad: ese edificio es habitado exclusivamente por mujeres, por mujeres lesbianas y cada una nos tiene algo que contar  
En la planta 1 - A vive Luz. Luz tiene el sexo apagado desde hace 8 años, hace 8 años que no besa una boca, hace 8 años que no la desvisten, hace 8 años le rompieron el corazón y desde entonces no encuentra los pedazos y se niega a sí misma a volver a sentir.
Yuri vive en el 1-B  es motera y carpintera, una de sus compañeras de aventuras moteras la invito a comer y ahí conoció a Lucía la madre de su amiga, una mujer casada con el deseo homosexual contenido. Lleva casada más de 25 años con el padre de Ana (su amiga motera) pero Yuri y Lucía barnizan la comida con miradas y pequeños gestos que empezarán a quemar.
Si seguimos subiendo este edificio llegamos al piso 2. 
En la planta 2- A vive Abril. Y aunque su nombre suena a primavera su sobrepeso la tiene sumergida en un invierno eterno, el…

LA MUÑECA

I
Ella, que a partir de este momento llamaremos muñeca, se enamoró como toda mujer buena de una mujer mala. Toda mujer buena debe tener al menos una historia muy triste y muñeca no es la excepción. Se enamoró de una mujer que, a partir de este momento, llamaremos la buhonera; entonces, este amor lésbico y conflictivo tiene sus escenarios en los estadios, eventos y conciertos.
La muñeca en su amor errado, acompañaba a la buhonera a vender chucherías en los conciertos. Enamorada de lo emprendedora que ella podía ser, la seguía a todas partes. La buhonera era alta como una torre de parque central y fría como una nevera en la luna; la muñeca, pequeñita y vulnerable, caminaba orgullosa con ella; cabalgando en su carretilla de caballos de cauchos, que en vez de flores llevaban cocosetes y bolibomba en cajas. Cambió sus guantes de seda por unos de obrero y dejó los vestidos colgados por un jean y un arnés, ella lo prefería así; dejar de ser ella para estar junto a su amor. En los conciertos má…

MIENTRAS RODABAN LOS PUPITRES

Roberto era un creativo de 30 años, desempleado, viviendo de sus últimas prestaciones y de uno que otro trabajo que le salía; recién divorciado de una mujer insoportable que alguna vez no lo fue. Se sentó en un café para tomar una cerveza y olvidar el trago amargo de las aventuras judiciales que tuvo que vivir para quedar legalmente tranquilo.
En su cuarta cerveza una joven lo miraba una y otra vez, alta y hermosa, parecía interesada en él; pero Roberto, que no iba precisamente de cacería, se dio la vuelta. Insistente, la joven se sentó a su lado y le habló. —Creo que te vi una vez, pero no doy con el sitio. Estefanía, mucho gusto. —Roberto, yo tampoco doy con el sitio—dijo él sin mucho sobresalto.
Ella se excusó porque debía marcharse pero le dejó su teléfono en un pedazo de papel, Roberto se lo metió en el bolsillo y se dispuso a seguir bebiendo.
Cuando la cerveza número veinte lo encontró, decidió que era hora de marcharse, se fue a su casa donde quedaban restos del litigio de la fulan…

REFLEXIÓN

Las lágrimas de mi rostro me hicieron huelga un lunes triste, tenía todos los síntomas de una depresión y toda la disposición para llorar. En medio de mi oscuridad, dos lágrimas se me acercaron y manifestaron que lo lamentaban muchísimo, pero que no saldrían hasta que les dijera qué pasaría con ellas después de caer sobre mi rostro.
Por un momento me salí de mi melancolía y reflexioné, ciertamente, ¿qué pasa con las lágrimas después de caer?, ¿qué sentido tiene ser lágrima? Quizás estén todas aprisionadas en mis ojos buscando salir, para luego no saber su paradero ¿Serán felices las lágrimas? Son kamikazes involuntarios de mis desencuentros. ¡Caramba! Mis lágrimas son como espermatozoides sin posible fecundación; corren por mí hacia la nada. Hoy quiero llorar y ellas no quieren salir; y otras veces ha pasado que ellas quieren salir, pero yo no quiero llorar.
Entre tantas preguntas, no pude darle respuesta a mis subversivas lágrimas; así que estas voceras de las demás, de las izquierdas…

CUARTETO DE CUENTOS CORTOS

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LA PRINCESA
— ¿Por qué lloras princesa? — Porque me dejó. — ¿Quién? — El sapo, se ha ido y lo extraño. Yo lo quería. — ¿Y por qué te dejó? — Por una rana… No entiendo qué tiene ella que no pueda darle yo… — Su reflejo princesa, su reflejo.
EL PRÍNCIPE            
— ¿Por qué tan triste, príncipe? — La princesa no me quiere, llora a su sapo… quizás él es mejor que yo. — Quizás ella no se siente princesa sino rana, quizás. EL SAPO
—Te noto distante sapo, ¿no estás feliz con la rana? — Sí, pero aún quiero a la princesa. —Y entonces ¿por qué la has dejado? — Porque siempre he sabido que nunca llegaré a ser príncipe.
LA RANA
— ¿Por qué tan feliz, rana? — Cómo no voy a estarlo... — ¿Has cazado muchas moscas? — Más que eso, tengo al sapo conmigo, se lo quité a una princesa y el príncipe compite con mi sapo.
FIN

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PROXEMIA

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Osiel está sentado en la única silla de la habitación donde su mamá permanece hospitalizada por complicaciones respiratorias, consecuencia de su alarmante sobrepeso. Lee un libro. Lleva pantalones marrones, casi brinca pozos, que dejan ver sus medias blancas; zapatos pulidos del mismo color, camisa blanca, lentes. Es delgado como una anorexia. Su mamá, acostada y quejosa, lo llama: —Hijo, ven por favor, dame un poco de agua. Esta agonía hijo, así no se puede vivir…
Osiel respira. Cierra el libro con lentitud, se acomoda la camisa y va hasta la mesa donde está el agua, la sirve e intenta dársela a su mamá; pero esta se ahoga y se confunde el agua con el sudor que le produce la dificultad para respirar. La mamá de Osiel tose, se pone roja, él se aparta y se detiene a mirar. El ahogo terco sigue molestando, entonces aprieta el botón para avisar a la enfermera, que minutos después llega: —Señora Sara, ¿qué me le pasó?, cálmese, venga… trate de poner la cabeza así. Vamos a revisar el medicam…

VERDUGO

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—¡Oh no!, ¡el cielo ha quedado ciego!, ¿quién ha podido arrancarle los ojos?, ¿quién?
—Yo lo hice. Le arranqué las estrellas de sus ojos; por eso se desangra de lluvia, por eso se derrama entre nosotros su sangre blanca, ¿quién lo manda de voyerista? Mirando una historia de amor que hoy es duelo y miseria, entonces, si todos lloramos, ¡pues que también paguen los testigos!

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