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Mostrando entradas de abril, 2018

EL VERDE

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Fotografía: Miguel Ramos Oya

El edificio «El verde»  de Chueca tiene una particularidad: ese edificio es habitado exclusivamente por mujeres, por mujeres lesbianas y cada una nos tiene algo que contar  
En la planta 1 - A vive Luz. Luz tiene el sexo apagado desde hace 8 años, hace 8 años que no besa una boca, hace 8 años que no la desvisten, hace 8 años le rompieron el corazón y desde entonces no encuentra los pedazos y se niega a sí misma a volver a sentir.
Yuri vive en el 1-B  es motera y carpintera, una de sus compañeras de aventuras moteras la invito a comer y ahí conoció a Lucía la madre de su amiga, una mujer casada con el deseo homosexual contenido. Lleva casada más de 25 años con el padre de Ana (su amiga motera) pero Yuri y Lucía barnizan la comida con miradas y pequeños gestos que empezarán a quemar.
Si seguimos subiendo este edificio llegamos al piso 2. 
En la planta 2- A vive Abril. Y aunque su nombre suena a primavera su sobrepeso la tiene sumergida en un invierno eterno, el…

MUJER 2

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Ella no me quiso nunca Yo le invente palabras en su boca Para creerla posible yo puse esperanzas en donde ella ponía certezas.
No brillaba mi nombre en su boca Esa linda boca imposible que no me dio nunca ni un beso piadoso
Ella, tan adulta y precisa Jamás me dio de vuelta un suspiro no milito por mis piropos no se cautivo con mis ocurrencias. Ella me declaro corriente como mi cuenta bancaria. Con sus silencios y su indiferencia  me enseño que no todas, pero que sobre todo, ella, no. Ella no me quiso nunca y me conoció toda Y así toda, nunca me abrió las piernas, ni la boca ni mucho menos el corazón. Fue humillante su amabilidad me fui incomoda y abatida asustada de encontrarme otra como ella así, precisa, adulta, con autoestima.


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MI AÑO 33

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Fotografía: MLLaura

MI AÑO 33 Caracas, 2017
Fue un año extremo: enero me consiguió haciendo teatro, mi bolsillo ya mostraba rastros de desnutrición, mi ego tenía sobrepeso; viví sola en Caracas en un apartamento tipo estudio con un alquiler amable en donde juraba que tendría sexo incansable por los 365 días del año. En la pared reposaba un cuadro con una mujer semidesnuda que imaginé mi amante, (sí, ya saben lo que hice) y que en ocasiones veía acostada en mi cama matrimonial. La inflación era un dragón inmenso incinerando los ingresos de una obra que me llenaba el corazón, pero no el estómago. En esa pieza teatral protagonizaba e interpretaba el personaje de un niño que narra cómo a su hogar lo quiebra el alcohol y las drogas y a los 12 años dice: “Adiós a todos” y se va de su casa.


Después febrero me sorprendió haciendo stand-up comedy en microteatro, cené ron ese día (el ron que me dieron esa noche); sin embargo, los aplausos me alimentaron el espíritu, la fortuna era contar mi propi…