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ELLOS

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Fotografía: Miguel Ramos Oya


Ella está en la sala de su casa  sentada junto al  piano, su gato observa con cara de intriga hacia el pasillo que da a la cocina y la puerta de la casa, ella voltea y solo ve el pasillo vacío, continúa tocando el piano hasta memorizar la canción que ejercita, se levanta, va hasta donde su gato, se agacha, lo acaricia  mientras miran el pasillo vacío.
El está  en  la cocina con su perro, su perro ladra, ladra insistentemente hacia el pasillo que da hacia la puerta y hacia la sala de su casa, el  destapa una cerveza,  estornuda, él va hacia el perro, se agacha y lo acaricia, el perro se calma pero él se queda junto al perro mirando el pasillo vacío.
Se escucha una cerradura se abre una puerta.
- Bueno les quiero mostrar el piso, es grande pero antiguo, desde aquella pandemia  de coronavirus ya hace más  de 30 años  aquí no vive nadie. Pasen.




EL PATITO EN TERAPIA

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Entran la mamá del patito feo y el patito feo a un consultorio de psicología.

—Buenos días doctora. —Buenos días señora pata, ¿en qué puedo ayudarla? —Bueno, yo vengo porque él es mi hijo más pequeño, pero aunque suene raro fue el huevo más grande y el ultimo en romperse y la verdad (baja la cabeza)… el más feo, tiene comportamientos distintos a nosotros, mírelo, es diferente, y yo creo que, el debe ser igual que todos los patos, porque él es un pato. Los patos tenemos cierto tipo de comportamiento, que él, (lo mira) pobrecito (intenta no llorar) no tiene. —Entiendo… ¿y tu patito cómo te sientes?   —Yo sé que soy feo doctora (baja la cara) y que soy diferente; por eso quiero curarme, algo malo debe de haber dentro de mí porque no me parezco a mis hermanos patitos. — ¿Sabes Nadar? —Sí, si claro. Yo nado, ¿verdad mami, que yo nado bien? —Sí doctora, sí nada. — ¿Por qué crees que eres feo y diferente entonces? —Porqué soy más alto, mucho más alto que ellos y mis plumas están todas despe…

FRAGMENTOS (Karlina Fernández)

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Qué desamparo que tus ojos me dejen... que te llore desde los samanes que te vieron crecer,  hasta los madroños que discretos nos vieron besarnos. 
Qué desamparo no besarte más.  Quedarme presa en una tarjeta roja,  con el pasaporte de mendigo  y el otoño deshojándolo todo.
¡Si te ha gustado la lectura, déjame tu comentario!
Karlina, todas ellas...

ESTACIÓN CAMARERA (Karlina Fernández)

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«Rompí el vidrio en caso de emergencia y salió no el extintor, sino la bandeja, y encontré el trabajo de mi no sueños»
A simple vista un restaurante es un lugar para comer; entras, te sientas y en la mesa te espera un matrimonio de cubiertos (cuchillo y tenedor), un portavaso y la carta que te la ofrece una camarera. A simple vista, el restaurante es un lugar donde festejar la comida y ejercer el verbo hablar; eso es así si la cámara apunta al comensal, pero si la cámara apunta a la camarera… encontraremos mucho más que un sitio para comer. Sí, tocó: soy camarera.
Comencé a buscar trabajo en las telarañas de las redes de internet, en esos portales que te piden que te «suscribas» una y otra vez y luego te aparecen ofertas como diseñadas para ti y al darle a «postularte» te aparece la frase típica para que pagues por buscar trabajo: «Pásate a premium». Esa frase es un muro, un muro transparente que te hace ver según sus páginas todos los trabajos maravillosos que te pierdes por no irte al…

MI TRISTE VENGANZA (Karlina Fernández)

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Quiero explicarte mi venganza: ocurre en el espejo, cuando te miras y estoy detrás, diciéndote que así te acepto y tú diciéndote que así te odias. Cuando un día puedas quererte entenderás cuánto te quise yo,  entonces llorarás dos veces mi amor, por el amor que no te tenías y por el que te tenía yo. Y a pie de ese espejo conjugado en presente y futuro te acompañara mi amor fantasma, tocarás tu reflejo para tocarme a mí y yo detrás de ti, lejana, imposible, tuya entre tus culpas y tu soledad. Cobijaré tus remordimientos por las noches, como cuando curaba tu fiebre y éramos posibles.
Mis manos pequeñas taparán tus oídos cuando vengan los truenos y el techo roto. Llorarás dos veces mi amor, porque estoy ahí contigo y porque me has perdido. Te haré el amor con tu mano y lloraras dos veces mi amor, porque sumarás otro orgasmo en mi nombre y porque no me has tenido.
Estaré siempre mirándote, con la camisa manchada de tus vidrios. Llorarás dos veces mi amor, por mirarme ensangrentada con la herida que tú causast…

109 KILOMETROS Y UNA PREGUNTA (Karlina Fernández)

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Foto del blog "Caminando por Venezuela"
Fue un adiós chiquitico, disimulado en el tácito lenguaje del silencio. Me dejaste en la boca tu nombre y una taquicardia maleteada, sin llave para abrir la puerta que aclara y responde.
Ahora debo fingir que no me inquieta, que soy tan dura como una erección, tan separable de ti como la misma distancia que hay entre un martes y otro.
Sigues mandando adioses chocantes en tus mensajes invisibles. Me atraganto de signos de interrogación. ¡¿Ves porque siempre temo a la dulzura?! Tiende su miel a anestesiar presagios poco optimistas.
Fue también una ilusión pasajera, se procuró escaleras hasta el cielo; sin contemplar que por las mismas también se baja. Sí: fue un error de ingeniería y de ingenuidad. Se habló de cielo, ternura y futuro de forma irresponsable, propuse suspiros. Tú, ¿vendiste mentiras?
Entonces resignada espero a que el samán te de su sombra, que dejes los misterios en el río Aragua, que tus santos se pronuncien, que la felicidad te dure tanto…

¡NO TE PERDONO! (Karlina Fernández)

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Para que siempre tengas esa culpa pendiente, aunque te reciba con un abrazo diplomático, diciendo: “Calma, ya pasó”. Risueña de presente, secando tus lágrimas con mis manos, esas que un día no se dieron a basto para secar las que me sacaste tú.
No voy a llenarte de reclamos, me combina más la indiferencia, aunque al partir, lejos de la gente, de la vida, volverá mi atormentado discurso que te grita: ¡No te perdono! Un “no” desde el vientre, en la boca, en los ojos, en los meses de aniversario, en el febrero en el que sembraste invierno en sus principios.
Cuando dejen de aplaudirme, cuando la pleitesía se apague, a solas diré ardida: ¡No te perdono! Tanto cariño tóxico, tanta infección en la ternura. Y que me atraparás en la contradicción promedio de querer a quien te hace daño. Porque después de tanta dulzura vino un día, un mes, una noche, ese aguacero de sal en la herida que abriste y esa herida comparte lugar, vecina sin duda del amor que también regalaste. Por tan contradictoria forma de calar ¡No te p…