POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




ABUSO


Fue mi primo, el mayor, entró a mi falda a los seis años y desde entonces no me la puedo bajar.

Pasó con mi tío, me sorprendió en el baño y desde entonces mi vida es sucia. Después de todo, los fantasmas aparecen cuando uno se está limpiando.

También pasa que un policía te pone una multa en las tetas y ya no puedes con ellas, te las quieres arrancar.

Fue ese amigo de mi mamá, ese que siempre estaba en la casa… no sé cómo, ni cuándo; un día de tanto estar en la sala llegó al cuarto, me arrancó la muñeca y jugamos a que yo era una. No me gusto el juego, le pedí perdón a mi muñeca, creo que ella se vengó de mí.

A mí me durmieron y al día siguiente me compraron Postinor y una nueva pantaleta sin sangre, para que continuara mi vida.

Mi papá un día me penetró tan fuerte y me calló la boca conteniendo en sus dedos mis ganas de morir… pero yo creía que era normal… que así como cuando me enseñó a manejar bicicleta, que me soltó y me dijo que si me caía no llorara; que me limpiara la sangre y mantuviera el equilibrio, ésta era otra enseñanza, que así se aprendían las cosas, con un poco de sangre, un hombre arriba y las ganas de morir en silencio.

Mi primo vive al lado y me mira como si yo no recordara.

Mi tío va todas las navidades a casa.

Al policía lo he visto varias veces, es de la zona.

El amigo de mi mamá, es eso: el amigo de mi mamá.

El que me durmió es actor igual que yo, a veces coincidimos en los castings.

Es mi papá… la semana pasada lo acompañé a cobrar su pensión, eso fue hace mucho.

Yo no dije nada, me daba miedo, sentía que era mi culpa, no sé por qué quise decírtelo a ti.

No dije nada, daba miedo, era mi culpa… no sé ¿Por qué quise decírtelo a ti?

Yo no dije nada, ¿me daba miedo? Sentía que era mi culpa, no sé por qué quise decírtelo a ti.

Quise decírtelo a ti. Sentía que era mi culpa, yo no dije nada. No sé… me daba miedo.

¿Era mi culpa? Yo no dije nada, daba miedo, sentía que quería decírtelo a ti.

Me daba miedo, sentía que era mi culpa, no sé por qué, quise decírtelo a ti. Entonces yo sí quise decir algo, quise escribir un poema a ver si el poema grita, si regresa en el tiempo y sube la falda; cierra con llave la puerta del baño, sigue de largo ante la llamada del policía, borra los amigos de la mamá para que siga jugando con muñecas, y le dibujé alas a la bicicleta para que pudiese volar sin padre a cualquier paisaje: sin sangre ni ganas de morir.

Porque duele vivir amando a mujeres rotas, inevitablemente, sus vidrios me atraviesan el corazón.


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Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Agradecida .

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