POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




MI PEQUEÑA BORDERLINE


¡Me gustas, niña!

Tu tontería, tu estupidez, tu vanguardia, tu locura.
Tus besos expertos de tanta constancia.
Tu sexo dotado de favores
y ese descaro impune al quitarte la camisa.

Tu exceso en la risa, la lágrima, el placer.
Me gustas niña con tus veintiún años y tus tres siglos.
Con tus cavernas y peluches, tu rosado cursi
y tu color negro peligroso.

¡Cómo me gustas, niña!,
con la X que inventé a tu nombre,
con el marcado síntoma de vértigo y el cariño sobornándome.

Aun así,
me voy por segunda vez,
repitiendo tus orgasmos y los míos, como un delirio, un pecado,
un momento en completo desequilibrio.
¡Qué salvaje y qué dócil
¡Qué mujer y qué niña, qué loca, qué mía, qué sin mí!

Admitiendo mi debilidad en las tuyas,
por eso de que te cortes y a mí me arda
de que te uso porque me lo pides
de que me usas
y nos usamos porque el amor es otra cosa y no está.
Y eso de que tu lengua me espíe la boca, me la indague y la toque
como haciendo una requisa, me gusta.

Si, le gusta a algo de mí que no tiene buen rostro,
que no empieza por la letra de mi nombre,
que está escrito en alguna errada arteria
de este para siempre insano y confuso, zurdo rincón rojo.


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