POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




ETERNAMENTE


Tengo malas noticias:
la herida se queda ahí.
De vez en cuando te la lame un orgasmo,
un poema, un aplauso, un par de tragos;
pero no importa lo que hagas: la herida se queda ahí.

No naciste completa, te partieron en el intento.
Y como un brazo no puede volver después de ser amputado,
un corazón ya no es el mismo cuando ha sido roto desde la infancia.

No puedes, aunque quieras,
deshacerte de la herida.
La terapia sólo te dice cómo se llama,
cuándo te la hicieron, cómo vivir con ella.

Pero tengo malas noticias:
la herida se queda ahí,
intacta y doliente, como el primer día.
Como el muñón con demasiado espacio
para recordarse el brazo que ya no es.
Así tu corazón, eternamente.


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