POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




REFLEXIÓN


Las lágrimas de mi rostro me hicieron huelga un lunes triste, tenía todos los síntomas de una depresión y toda la disposición para llorar. En medio de mi oscuridad, dos lágrimas se me acercaron y manifestaron que lo lamentaban muchísimo, pero que no saldrían hasta que les dijera qué pasaría con ellas después de caer sobre mi rostro.

Por un momento me salí de mi melancolía y reflexioné, ciertamente, ¿qué pasa con las lágrimas después de caer?, ¿qué sentido tiene ser lágrima? Quizás estén todas aprisionadas en mis ojos buscando salir, para luego no saber su paradero ¿Serán felices las lágrimas? Son kamikazes involuntarios de mis desencuentros. ¡Caramba! Mis lágrimas son como espermatozoides sin posible fecundación; corren por mí hacia la nada. Hoy quiero llorar y ellas no quieren salir; y otras veces ha pasado que ellas quieren salir, pero yo no quiero llorar.

Entre tantas preguntas, no pude darle respuesta a mis subversivas lágrimas; así que estas voceras de las demás, de las izquierdas y las derechas, se fueron. Quedaron mis ojos secos, mis párpados sin vecinas. Y fue tanta mi nostalgia que cuando las vi marcharse… lloré.


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