POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




PROXEMIA

Osiel está sentado en la única silla de la habitación donde su mamá permanece hospitalizada por complicaciones respiratorias, consecuencia de su alarmante sobrepeso. Lee un libro. Lleva pantalones marrones, casi brinca pozos, que dejan ver sus medias blancas; zapatos pulidos del mismo color, camisa blanca, lentes. Es delgado como una anorexia. Su mamá, acostada y quejosa, lo llama:
—Hijo, ven por favor, dame un poco de agua. Esta agonía hijo, así no se puede vivir…

Osiel respira. Cierra el libro con lentitud, se acomoda la camisa y va hasta la mesa donde está el agua, la sirve e intenta dársela a su mamá; pero esta se ahoga y se confunde el agua con el sudor que le produce la dificultad para respirar. La mamá de Osiel tose, se pone roja, él se aparta y se detiene a mirar. El ahogo terco sigue molestando, entonces aprieta el botón para avisar a la enfermera, que minutos después llega:
—Señora Sara, ¿qué me le pasó?, cálmese, venga… trate de poner la cabeza así. Vamos a revisar el medicamento, eso… cálmese (la soba, le da palmaditas en la espalda). Tiene que respirar y no ahogarse con los líquidos
—Ay chica, es que ya no puedo ni beber agua. Cómo me permití llegar hasta este punto.
—Señora Sara no se culpe tanto, mire; lo importante es que siga el tratamiento y la dieta
— ¿Cuándo le toca la próxima pastilla?—pregunta Osiel, sin sobresalto—.
—Dentro de una hora, pero antes debe comer. Ya le traigo la comida— aclara la enfermera—.
—Gracias
—Bueno Señora Sara, ya se le pasó. Cualquier cosa me vuelven a llamar.

Osiel y su mamá se vuelven a quedar solos. Un silencio largo los contiene.
—Hijo, gracias por cuidarme, sé que soy un estorbo…que me convertí en un estorbo. Ven y dame un abrazo, ¿sí?

Osiel tose levemente, sigue mirando el libro, cambia de página —Trata de descansar no vayas ahogarte de nuevo, voy al baño… ya vengo—, le dice sin mirarla.

Va al baño, luego aprovecha para tomarse un café en la cafetería. Respira, se arregla la camisa y sube a la habitación. Cuando llega, están tratando de revivir a su mamá. Se queda como un espectador, silente y apartado.
—Lo sentimos señor, intentamos salvarla pero fue inútil.

Salen médicos y enfermeras de la habitación; queda Osiel a solas con el cadáver de su madre. La mira desde la esquina en donde está, se sienta en la silla, se le ven las medias blancas por su pantalón marrón medio corto. Sus zapatos pulidos del mismo color, su camisa blanca, sus lentes.

Esta vez prende un cigarro y sigue leyendo el libro.

Fin


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