POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




INFÉRNUM


Ahí, en el peor de los infiernos;
donde la identidad se te desdibuja,
donde la vida te descalza en suelo ardido,
donde la esperanza titubea y el frío silba para burlarse.

Sí. Justo ahí.  Donde los amigos no alcanzan a llegar,
donde no hay iglesias, ni farmacias.
Infierno callado, lento, espeso
que corta optimismos de un tajo,
que pare conflictos
que tortura tus arterias, y los escupe.

Infierno que arropa; tus intentos,
que te anestesia de fatiga y te impide gritar.

Detenido en las sombras,
colgando brújulas accidentadas
en árboles muertos.
Dejando  pedazos de relojes
para que te asuste  el “a destiempo” .

Infierno que te lleva
al cementerio personal de objetivos  infértiles
y te restriega el museo de actualizaciones felices.

Sí: el peor de los infiernos
te ha quitado el horizonte,
te ha llenado de piedras el camino,
ha prometido quedarse a madrugadas
para que veas siempre sombras y espejismos.

Ese infierno que te pide pastillas para olvidar,
que mordió tu alma y dejó trocitos en el camino
para que encuentres la pulpa
en algún nido de aves carroñeras
y veas, débil, cómo la devoran.

Y así se pierda tu sangre soñadora,
tus huesos soñadores,
tu carne soñadora y reencarnes,
una y otra vez, en este verso.


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