POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




EL METRO

Un hombre cansado, como la paciencia de un sueldo mínimo, duerme de estación en estación.

Una mujer y su hijo: ella lleva prótesis porque le falta una pierna; el niño tiene los dientes repletos de caos.

Un hombre ebrio cuenta unos pocos billetes de cien, como quien hace inventario de una ruptura.

Una madre; pobre y delgada, sacándole los piojos a su hija (también pobre y delgada)… se apoyan en su escasez.

El hombre ebrio coquetea con la mujer que no tiene una pierna.

La mujer, a quien le falta la pierna, ríe como si el hombre ebrio fuese un príncipe.

El niño de los dientes repletos de caos se hace cómplice. Ahora ríen los tres.

La mujer de la prótesis se sonroja; es bonita, pero le falta la pierna.

El hombre ebrio es marrón, como esas cosas feas que son marrones.

El niño con los dientes repletos de caos tiene la ropa sucia.

La madre pobre y delgada abraza a su hija, también pobre y delgada. Parece que tienen hambre y sólo comen amor.

Las estaciones siguen con indiferencia; el caballero dormido, su cansancio y su sueldo también.

El hombre ebrio sigue agitado y contento, la mujer sin pierna baja la cara cuando le toca bajarse.

El niño con los dientes repletos de caos se levanta y se despide del hombre ebrio.

La mujer y su prótesis se levantan. Ella va lenta, triste, sin mirar a su príncipe borracho.

Su príncipe ebrio ya no le presta atención.

Ella se despide con la tristeza resignada de quien no tiene una pierna y le sobran complejos…

El ebrio vuelve a mirar los billet.es; le queda lo justo para tocar fondo.

La madre pobre y delgada y su hija pobre y delgada se toman de la mano. Se bajan con un amor curtido, pero millonario, en la siguiente estación.

Estoy sola.
Nadie a quien observar.
Entro en pánico y cierro los ojos… para no mirarme


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Comentarios

Andres Jorge.- ha dicho que…
Excelente, mi Karli. Recursos efectistas, trepidantes. Quiero más. ¡Tremendo! :)))))))
Andres Jorge.- ha dicho que…
Excelente, mi Karli. Recursos efectistas, trepidantes. Quiero más. ¡Tremendo! :)))))))

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