POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




DIBUJO

Cuando ella  leía la  sentencia,
en realidad leía  la suya.
Cuando él se entregó a los barrotes,
si notabas su sombra, veías sus alas soberbias.
Cuando él se equivoca en sus palabras,
en realidad acierta en su estrategia.

Cuando  odias al contrario, cumples el legado.
Cuando se hace cola, los dos dioses ganan;
sólo que los feligreses divididos,
creen que el suyo es el bueno.

Y me pregunto:
¿Cuánto arde una idea?
¿Cuánta sangre en nombre de un dios?
Somos el borrador de dos poderes que nos dibujan
sobreviviendo en una quincena.

Vendiendo la vida en un pasaporte,
militando la escasez en silencio.
Gritando por twitter,
rindiendo culto al lápiz que nos borró el futuro.

¿Y cómo se revela el dibujo a su lápiz?
¿Quién es la mano?
¿Por qué nos tocó este tipo de papel?

Donde se pinta la paz con sangre del odio.
Donde se  esculpe la justicia con presos políticos.
Donde todo es al revés como un infierno tricolor.

Un infierno cínico de simbolismos descarados
con una hoja que no parece tener final.
Un lápiz al cual no termina de acabársele la punta
y una mano entusiasta que insiste en dibujarnos
así,  tristemente así.

Me quiero salir de mi propia historia,
se busca un borrador.
¿No te pasa?


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