POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




¡NO TE PERDONO! (Karlina Fernández)


Para que siempre tengas esa culpa pendiente,
aunque te reciba con un abrazo diplomático,
diciendo: “Calma, ya pasó”.
Risueña de presente, secando tus lágrimas con mis manos,
esas que un día no se dieron a basto
para secar las que me sacaste tú.

No voy a llenarte de reclamos,
me combina más la indiferencia,
aunque al partir, lejos de la gente, de la vida,
volverá mi atormentado discurso que te grita:
¡No te perdono!
Un “no” desde el vientre, en la boca, en los ojos,
en los meses de aniversario,
en el febrero en el que sembraste invierno en sus principios.

Cuando dejen de aplaudirme,
cuando la pleitesía se apague,
a solas diré ardida:
¡No te perdono!
Tanto cariño tóxico,
tanta infección en la ternura.
Y que me atraparás en la contradicción promedio
de querer a quien te hace daño.
Porque después de tanta dulzura
vino un día, un mes, una noche,
ese aguacero de sal en la herida que abriste
y esa herida comparte lugar,
vecina sin duda del amor que también regalaste.
Por tan contradictoria forma de calar
¡No te perdono!

Se niegan mis arterias,
se rehúsa mi sangre,
se opone la herida,
protesta mi espíritu,
aunque mi boca con clase, discreción y sabiduría,
te diga tranquila: “Ya pasó”.
¡Si te ha gustado la lectura, déjame tu comentario!
Karlina, todas ellas...

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