POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




109 KILOMETROS Y UNA PREGUNTA (Karlina Fernández)


Foto del blog "Caminando por Venezuela"

Fue un adiós chiquitico,
disimulado en el tácito lenguaje del silencio.
Me dejaste en la boca tu nombre
y una taquicardia maleteada,
sin llave para abrir la puerta que aclara y responde.

Ahora debo fingir que no me inquieta,
que soy tan dura como una erección,
tan separable de ti como la misma distancia
que hay entre un martes y otro.

Sigues mandando adioses chocantes en tus mensajes invisibles.
Me atraganto de signos de interrogación.
¡¿Ves porque siempre temo a la dulzura?!
Tiende su miel a anestesiar presagios poco optimistas.

Fue también una ilusión pasajera,
se procuró escaleras hasta el cielo;
sin contemplar que por las mismas también se baja.
Sí: fue un error de ingeniería y de ingenuidad.
Se habló de cielo, ternura y futuro de forma irresponsable,
propuse suspiros.
Tú, ¿vendiste mentiras?

Entonces resignada espero a
que el samán te de su sombra,
que dejes los misterios en el río Aragua,
que tus santos se pronuncien,
que la felicidad te dure tanto como los cedros.

Me despido diciendo:
fue un adiós chiquitico,
disimulado en el tácito lenguaje del silencio,
me dejaste en la boca tu nombre
y una taquicardia maleteada,
sin llave para abrir la puerta que aclara y responde.

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Karlina, todas ellas...

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