HAN SECUESTRADO AL SEÑOR PRESIDENTE



SECUESTRO
DIA 1

En la televisión aparece un periodista relatando la noticia:

“En horas de la mañana del día hoy se recibió la noticia de que el presidente de la República ha sido secuestrado, en las declaraciones su esposa enfatizó su profunda tristeza y relató que, al despertar, el presidente ya no estaba. Se presume que el personal de servicio pudiese estar implicado ya que, según la primera combatiente, no recuerdan nada luego de tomar su rutinario café nocturno. Intentamos conversar con el director de seguridad del presidente, pero no quiso ofrecernos detalles por medidas de seguridad; sin embargo, mandó un comunicado diciendo que harán todo lo que esté a su alcance para restablecer la paz y traer de vuelta al hijo del Comandante Supremo y presidente elegido por el pueblo soberano”.
En un cuarto oscuro, con la televisión muy cerca, están un hombre y el señor presidente, el señor presidente está esposado y encapuchado:

̶ Caramba, señor presidente elegido por el pueblo soberano, ahora sus efectivos si harán el esfuerzo que no hicieron para poder lograr que usted y yo estemos juntos.
̶ ¿Qué quieres de mí?, ¿cuánto dinero te pagaron por esto?
̶ No, no, señor presidente… no quiero dinero, la verdad pudiese decir que tengo lo suficiente, por favor le ruego que no me ofenda con esa insinuación.
̶ Entonces, ¿qué quiere la derecha?
̶ No, (ríe) tampoco señor presidente. Soy un secuestrador con menos alianzas de la que usted cree, y no, tampoco me ofenda al compararme con la ineficaz derecha a la que usted llama en público “fascista”.
̶ Entonces, ¿si no es dinero y no son ellos por qué el secuestro?
̶ No sea impaciente señor presidente, este secuestro tiene una recompensa, pero me la va a dar usted en el transcurso del tiempo. Espero se pueda y sus efectivos militares y policiales sean tan ineficientes como hasta ahora para que nos dé tiempo de dos cosas: a mí de obtener mi recompensa y a usted de dármela.
̶ Por favor, negociemos, podemos llegar a un acuerdo.
̶ Si, claro señor presidente, claro que vamos a negociar… pero muy despacio y lamento que no se cumplan muchos de sus deseos. Tengo muchos años planeando su secuestro como para atender a sus súplicas, trate de cooperar lo más que pueda porque se puede complicar y no queremos, la verdad no queremos tener que vernos obligados a herirlo a usted o a sus familiares. Por ahora puede usted estar cómodo, acá le vamos a sacar la sangre, a hacerle un perfil 20… no se preocupe, no son médicos cubanos, todo el personal está capacitado para que todos los exámenes que debemos hacerle se cumplan a cabalidad y en los tiempos. Comerá como hasta ahora está usted acostumbrado a comer.

Le quitan la capucha. Está en una quinta de lujo. Hay cinco hombres muy altos, corpulentos y fuertemente armados vestidos de negro.

̶ No entiendo, de verdad no entiendo nada.
̶ Caramba, señor presidente, no me presenté. Mucho gusto, quiero que me llame hijo a partir de este momento.
̶ Bueno la verdad puedes serlo, eres muy joven, ¿quién está detrás de todo esto? Mira… podemos negociar…
̶ No insista señor presidente, disfrute más bien de su corta pero significativa estadía en esta quinta. Tiene una vista hermosa, eso sí, debe cumplir a cabalidad lo que la enfermera le pida que haga, de negarse viene la engorrosa tarea que quisiera evitar. Ya sabe: la de torturarlo físicamente. Venga y le muestro su habitación.
Salen de esa habitación, suben. Llegan a una sala inmensa y lujosa, luego hijo le da un recorrido por toda la casa, se van a la terraza y hay una vista al mar.
̶ ¿Quiere un whisky, señor presidente?, imagino que todo este susto lo tiene inquieto.
Hijo llama a uno de los guardias que están por todos lados y le pide los dos whiskies, luego se lo llevan. En la terraza hay una piscina inmensa. Le dan un vaso de whisky al presidente y uno a él.
̶ El mejor whisky señor presidente, etiqueta azul, vamos a brindar (choca los vasos) ¡por el principio de este distinto secuestro al señor presidente!
̶ No entiendo, en el fondo, ¿qué es lo que quiere?
̶ Usted no entiende muchas cosas, y ya que estamos sentados tomando con calma, quisiera hacerle una pregunta.
̶ Si bueno… hágamela… creo que no tengo opción.
̶ Por qué se equivoca tanto en sus discursos, eso de multiplicó los penes, libros y libras, ¿es una estrategia o es ignorancia de la más simple?
̶ ¿Qué cree usted?
̶ Creo que un poco de las dos, pero permítame decirle: debió buscar una mejor asesoría.
̶ El sector que nos sigue es el pueblo. Ya usted sabe.
̶ El pueblo… claro, lo imaginé.

Hijo se levanta de la silla.

Bueno señor presidente, nos volveremos a ver. Yo debo retirarme, espero que lo traten bien. Le daré un consejo: respire y vea muy bien la casa, obsérvela como quien se despide y disfrútela mucho, porque luego de la próxima etapa, serán otros los paisajes.
Hijo se retira, queda el presidente tomándose un whisky, se le acerca un hombre, es un mesonero.


̶ Señor presidente le sirvo algo más, ¿desea comer?
̶ No gracias, voy a mi habitación
̶ Es la que está arriba, en el centro. Disculpe, me retiro.
El señor presidente entra a su habitación. Hay tres militares vestidos de negro.
̶ Bienvenido, señor presidente.
̶ Gracias, ¿ustedes son militares de la patria?
̶ No nos está permitido responder ningún tipo de pregunta.
Los militares se retiran. A las 5pm entra una enfermera, entra con una comida y unas pastillas.
̶ Buenas tardes señor presidente. Aquí tiene la comida. Debe comer, es obligatorio, y tómese estas pastillas. No se preocupe, no lo vamos a matar ni a torturar, todo lo contrario: estoy aquí para verificar y supervisar que cumpla a cabalidad todo lo que le solicito a fin de que su salud este en completo equilibrio.
̶ No entiendo señorita… qué pretende hacer, la verdad no tengo hambre…
̶ Señor presidente, le ruego que coma porque de lo contrario sí lo van obligar con métodos mucho más “fascistas” y de verdad no es nuestra intención.
̶ Pero por qué, ¿qué son esas pastillas? ¿Para qué quieren que esté bien? Por favor, señorita…
̶ Señor presidente, no estoy autorizada a responder nada, sólo a verificar que coma; por su bien coma y tómese las pastillas
El presidente toma las pastillas y come dudoso.
̶ Usted… imagino que votó en mi contra verdad, que es de la oposición… pero mire es una guerra económica, de verdad, yo estoy haciendo todo lo posible por recuperar el país.
̶ Lo que yo opine no importa aquí señor presidente. Aquí, como a sus empleados públicos, nos pagan y dentro del contrato está el silencio, así como usted manda a marchar de forma obligatoria a mí de forma obligatoria me mandan a hacer mi trabajo y callar.
La enfermera retira la bandeja vacía y le deja un vaso de agua.
̶ No puede comer más ya que mañana le haremos todos los exámenes para el siguiente paso.
̶ ¿Cuál es el siguiente paso?
̶ No estoy autorizada para dar esa información, qué pase una feliz noche.

La enfermera se retira.

Amanece.

DIA 2

Al despertar ya están las enfermeras despertando al señor presidente, este se arregla se viste y lo llevan a un anexo cerca de la quinta, es una clínica pequeña, comienzan hacerle los exámenes, luego de todos los exámenes lo llevan al consultorio, un médico revisa los exámenes. Está junto a hijo.

̶ Bueno, por lo que aquí veo está en perfectas condiciones, creo que mañana mismo podemos hacerlo.


UN AÑO DESPUÉS

  
 El país seguía en curso, aunque se cumplía un año del secuestro sin resolver y sin el paradero del señor presidente. Mucho se especuló sobre su causante, quizás que el responsable estaba en la cúpula de su propio partido, o quizás que sus enemigos habían dado con un punto álgido y flojo de seguridad y por ello habían podido secuestrarlo, sin embargo, la inercia parecía reinar en el contexto de un país que había sido secuestrado mucho antes que su presidente. El vicepresidente llamó a elecciones un mes después, la obviedad de quien quedaría al mando fue una más de las tantas cosas que el pueblo sabía que pasaría. Un año después de aquel secuestro el país seguía camino a la muerte, sin transporte, con más apagones de luz, hasta los animales del zoológico no pudieron con la hambruna, faltaba una pieza en el poder y nunca antes la frase «nunca faltes a tu trabajo para que no se den cuenta que no haces falta» repuntó tanto en la mente de todos los ciudadanos. No hacía falta el señor presidente, aunque una campaña insistía en que seguían buscando a su camarada.

Entre las avenidas de la miseria, sin embargo, un hombre gritaba por callejones negros donde El Guaire es rey. Se trepaba desesperado para buscar las calles. Era un hombre de rostro cortado, le faltaba una pierna, tenía un muñón, un muñón y una muleta. Vestía con una ropa rojita, con una camisa con unos ojos mirándolo, aquella vez estaba justo en la acera de enfrente de Miraflores, se miraba las manos: «Yo soy el presidente, yo soy el presidente» ̶ y se agarraba la camisa ̶ «yo soy su hijo ¿se acuerdan?, yo soy su hijo». Como pudo, llego a la reja de Miraflores, trataba de mirarlo todo, intentando reconocerlo. A lo lejos, varios hombres vestían de traje. Custodiado por guardaespaldas, el hombre en la reja gritó: «hijo, hijo. Es él» le decía con ahínco a un militar que no lo miraba. «Le voy a pedir el favor de que se retire».
«Yo soy el presidente, yo soy el presidente y el me secuestró», el me hizo esto, el me hizo esto.

El militar incrédulo: «¿Sí claro, el médico oficial del presidente lo volvió loco?»

«No, respondió con resignación el hombre, me volvió mendigo»

Supo entonces, que no volvería, supo entonces que ahora esa era su vida, no había grito que lo hiciera ser de nuevo el señor presidente. Hijo había desfigurado su rostro con mucha precisión, había amputado su pierna y sus bigotes, y sus kilos demás; teniendo un muñón muy bien operado, un rostro nuevo y varias cortadas de adorno perfectas para un mendigo, hijo hizo que el propio señor presidente no se reconociera, que no tuviese trono y mirara desde la reja el que tuvo una vez.

El señor presidente o, digamos, el ex señor presidente, sin su pierna, sin su cara, sin él, caminaba vestido rojo rojito por las calles. Revisó su bolsillo: había una nota y una tarjeta de débito del banco del Estado.

«Tienes un sueldo mínimo depositado en el Banco Soberano, esa es la buena noticia, la mala es que los cajeros no dan mucho efectivo, afortunadamente estás bien de salud. La mala noticia es que no hay medicinas, procura cuidarte, procura que te alcance la quincena´.
 Atentamente: El hijo de la nueva Patria Soberana».

¡Yo soy el señor presidente¡, gritó y lloró el mendigo, preso de su propia creación.


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Comentarios

Luisana De Sario ha dicho que…
Excelente. Sería un fin justo...