POLIDORPIO

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En un hermoso apartamento de Madrid vive Yuli y Pablo  joven pareja con una hermosa hija, Enma de cinco años y con ellos (y sin ellos saberlo) vive un duende, se llama Polidorpio es un duende de los malos, oscuro como sus intenciones caza niños, especialmente aquellos que son muy carismáticos y hermosos, juega con ellos hasta quitarle su luz, deprimirlos y dejarlos en estado vegetal. Al principio de los juegos con Enma Polidorpio se mimetizaba entre los juguetes, como un astuto camaleón se transformó en Mickey Maouse, Minie, Barnie logrando la atención de la niña. Cada vez que ella jugaba, se acercaban más a la puerta, el ritual consistía en que justo en el juego número seis cruzarían la puerta y con ella el umbral, ella se desmayaría y al despertar miraría a Polidorpio y su verdadero y aterrador aspecto, le causaría tal impresión que jamas volvería hablar y sus ojos quedarían vacíos mirando al duende, mientras el duende ganaría poder. - Enma mi amor, ¿por qué abriste la puerta?




RENDIRSE


Te voy a llorar de todas las formas;
como se lloran las madres muertas,
los árboles caídos, las guerras mundiales
los amores, los amigos, las malcriadeces.

Te voy a llorar pacito, con ruido,
con histeria, arrinconada.

Te voy a llorar fetal, dormida,
desnuda y vestida.
Fastidiada, arrecha, ardida…
con los amigos, con las cervezas, en los abismos.

Voy a poner mi creatividad al servicio
de este maldito laberinto en el que te convertiste.
Me voy a mojar en el lodo y en el fango. 
Me voy a dar con la piedra.

Te voy a llorar como se lloran las violaciones,
los abusos, las mutilaciones,
los accidentes, las culpas irrevocables…
como se llora un adiós sin censuras,
como se llora el exilio, la patria;
como se llora en los aeropuertos y en las fechas sensibles.
Como una traición irreparable, 
una muerte súbita;  una muerte agonizante.

Te voy a llorar bajo la lluvia,
en público, a pleno sol, en día de elecciones;
cuando no esté de moda llorar.
Hasta que todo el mundo se aburra de verme llorar.

Hasta que el llanto salga fingido
y  entienda que te dejé ir sin prepararme para nada,
sin escuchar una canción que te invoque,
sin remansos ni cursilerías.

Sin saberlo, sin planificarlo, olvidándote sin dudas.
Sin retrocesos, ni trampas ni rendijas;
porque  habré descubierto que yo también me aburrí de llorarte
y no habrá más nunca una lágrima en tu nombre.


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