AUTORES DIVERSOS: TRUMAN CAPOTE

“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”
Nueva Orleans, 1924 - Los Ángeles, 1984

Talentoso, exitoso y excéntrico. Es quizás la imagen que más fácilmente viene a nuestra mente cuando pensamos en periodistas que han logrado ser excelentes escritores. Comenzó a escribir a los ocho años y a los diecisiete ya era un escritor consumado. Desde muy joven trabajó escribiendo para las revistas. 

Sus primeros escritos ampliamente reconocidos: “Otras voces, otros ámbitos” y “Desayuno en Tiffanys”, que dio origen a la famosa película, no fueron suficiente para un creador que se exigía demasiado a sí mismo. Su dedicación extrema a hacer una novela sin ficción, como el mismo la llamó, lo llevó a involucrarse profundamente en la investigación de un homicidio múltiple en Kansas para escribir “A sangre fría”. Según su biografía escrita por Gerald Clarke, Capote hizo amistad con los asesinos y se enamoró de uno de ellos. Los hombres fueron ejecutados y el autor presenció la muerte de ambos. Se supone que esta perdida le causaría un daño emocional grave que acabaría manejando con drogas y alcohol. 

La novela tuvo un éxito desmesurado que sumió a Capote en una fama que le dio el contrato más sustancioso que una editorial pudiera ofrecer para su novela “Plegarias atendidas”. Las cosas no salieron como se esperaba y el libro se publicaría 21 años después de la firma y tres años luego de la muerte de Truman. 

Fue bastante crítico del mundo de brillo que lo adoptó, y acusado de escupir constantemente su veneno sobre otros escritores y sobre actores, ricos y famosos. 

Fue hallado sin vida el 25 de agosto de 1984, apunto de celebrar sus 60 años, a causa de una sobredosis. 

Te dejo con esta reflexión de Truman Capote sobre su don de la escritura, extraído del prefacio de su obra “Música para camaleones”, como muestra de la pasión y la intensidad con la que ejerció su oficio: 

“…un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble, pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse (…). Entre tanto, aquí estoy en mi oscura demencia, absolutamente solo con mi baraja de naipes y, desde luego, con el látigo que Dios me dio”.

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