AUTORES DIVERSOS: ANAÏS NIN

"Qué equivocado es para una mujer esperar que el hombre construya el mundo que ella quiere, en lugar de crearlo ella misma"

(Francia, 21 febrero de 1903- Los Ángeles, 14 de enero de 1977)

Símbolo de la liberación femenina y una de las primeras autoras que se atrevió a publicar (por su cuenta) literatura erótica; sus diarios son aún considerados textos increíblemente controversiales y no aptos para lectores de mentes cuadradas. 

Resaltan inevitablemente en su biografía la profunda relación sexual, amorosa y de creación literaria con el escritor Henry Miller; su relación lésbica con la esposa de este, June Miller; sus aventuras con múltiples amantes, aun estando casada; la relación incestuosa con su padre y una negación absoluta a ser madre. 

Anaïs Nin es probablemente la definición más exacta de un alma libre completamente despojada de tabúes y prestada a la sensualidad y la libertad que, a su juicio, requería el arte. 

Todo su talento y su personalidad avasallante quedaron plasmados en sus obras más destacadas: “La casa del incesto”, “Delta de Venus”, “Bajo la campana de cristal”, “Una espía en la casa del amor”, “Ciudades de interior” y “El diario de Anaïs Nin”. 

Te dejo un fragmento de sus diarios amorosos, un paseo breve por el particular triángulo amoroso entre ella y los esposos Miller: 

“June me ofrece muerte y destrucción. June me hechiza –habla con su rostro, sus caricias, me seduce, usa el amor que siento por ella para la destrucción–. Una muerte por partida doble. La frescura de mi cuerpo ha de destruirse para que mi cuerpo sea como el suyo. Dice: «Tu cuerpo es tan fresco y el mío tan estropeado». Y así, ciega, sin nada reprochable, inocente, matará mi frescura, lo intacto que ella ama. Matará todo cuanto ama. ¿De dónde viene este conocimiento oscuro? Del humo, de la locura, del champán, de la intoxicación de las caricias, de los besos y de la exaltación. 

Estamos en el Poisson d’Or, tocándonos las rodillas, ebrias la una de la otra; y June está embriagada de sí misma. Le ha dicho a Henry que no es nadie, que ha fracasado en su intento de ser un dios y un Dostoyevski, que es ella quien sí es un dios, su propio dios. Así se realiza el milagro. El engaño. Henry está muerto. June ha vuelto a ser aniquiladora. «Henry», dice ella, «es un niño». Pero yo protesto y le digo que creo en Henry como artista y luego confieso que lo amo como hombre. 

Y entonces me pregunta: «Amas a Henry, ¿verdad?», y añade que yo hice a Henry mi mayor regalo. Mis ojos se empañan de dolor. Sabía que si lo admitía salvaba a Henry, porque Henry se convertiría de nuevo en un dios. Nadie, salvo un dios –dice ella–, puede ser amado por ella o por mí. Por lo tanto, Henry sería un dios. Y ella, en la inocencia de su enorme egoísmo, me pregunta: «¿Tienes celos de Henry?». Dios, ¿yo celosa del amor de Henry por June o del amor de June por Henry? Es entonces cuando me siento fluida, disuelta, fuyante. Y huyo de la tortura que me espera como un gigantesco exprimidor de sangre que oprimiera mi carne entre June y Henry”

Si te ha gustado la lectura y quieres colaborar conmigo haz clic AQUÍ
tu contribución para el mantenimiento del blog es de gran ayuda.

Comentarios